Hay una sala en una de las galerías subterráneas, justo debajo de la sala número 6, iluminada por una máquina tragaperras; una figura sin ojos intenta seguir los movimientos de sus luces.
Afuera, a plena luz del sol, Pascual Duarte decidió coger unas tijeras; las cogió, se agachó y cortó la línea de su sombra, como un chiquillo que recorta una figura de papel.