Simultáneamente María Iribarne y Juan Pablo Castel viajan en vagones de la misma línea del Subte de Buenos Aires, siempre en sentido contrario.
Al cruzarse en El túnel y verse a través de las ventanillas, en lo que duran esos instantes, M. I. y J. P. C. se reconocen a sí mismos.
En sueños van a ver el mar y juegan con las olas, se besan y ríen como locos.